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miércoles, mayo 16, 2018

San Jacinto 1836, la siesta más cara de la Historia

Siesta mexicana
Siesta mexicana
Uno de los estereotipos más hirientes sobre los mexicanos es que son gente indolente, vaga y que se pasan todo el día durmiendo la siesta bajo su típico sombrero de ala ancha. Esta visión, que ha dado la vuelta al mundo, es tanto más falsa en cuanto que es una injusta generalización y que procede de un prejuicio racista sobre las gentes de México... ¿o tal vez no tanto? Hubo en 1836 una crucial batalla que acabó en derrota para el Ejército Mexicano y que determinó, a la larga, la pérdida de más de la mitad del país en beneficio de los Estados Unidos. ¿La particularidad? Que perdieron la batalla porque estaban echando la siesta. ¡Ole tú! 

Antonio López de Santa Anna
Antonio López de Santa Anna
Que la historia militar de todos los países está llena de episodios en los que la vergüenza ajena hace ruborizar -o troncharse de la risa- al más pintado, simplemente tiene que darse una vuelta por este blog para cerciorarse (ver Caransebes, la batalla más idiota de la historia). No obstante, que un ejército pierda una batalla porque estaba durmiendo una siesta, no es que hable muy bien, no tanto de los soldados (al fin y al cabo, no dejan de ser unos "mandaos"), sino de los mandos que tienen a este ejército bajo su responsabilidad. Y exactamente eso fue lo que pasó al General Antonio López de Santa Anna, que fruto de su prepotencia y mala estrategia, metió la pata hasta el corvejón en la conocida como Batalla o Siesta de San Jacinto.

Conflicto con Texas (1836)
Conflicto con Texas (1836)
La historia arranca de los follones que hay en el seno del gobierno mexicano una vez proclamada la independencia de España (ver Olañeta, el fanatismo que ayudó a perder la última colonia española en Sudamérica). El caos, los intereses y los personalismos de los dirigentes del momento hacen que el gobierno sea la casa de tócame roque, de tal forma que a principios de los años 30 la política mejicana está dividida entre los conservadores (que querían un estado centralista al estilo francés en vez de una república federal) y los liberales, que abogaban por un estado federal. En esta situación, en 1833, fue elegido presidente Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón (Santa Anna, para los amigos) que en principio era liberal, pero que cuando accedió al cargo dio un giro copernicano y pasó a aliarse con los conservadores deshaciendo prácticamente todo lo hecho por su predecesor Valentín Gómez Farías, también liberal. Diferentes estados, al ver peligrar su statu quo autónomo, se amotinaron, entre ellos el de Texas, formado básicamente por estadounidenses emigrados que habían encontrado en el territorio tejano facilidades del gobierno mejicano para instalarse. La derogación de la Constitución de 1824 en 1834, la abolición de la esclavitud (que suponía un duro golpe a su economía productiva) y la entrada en vigor en 1835 de las llamadas Siete Leyes (que centralizaban todo el poder y convertían los estados en meras provincias) hicieron colmar el vaso de los tejanos, los cuales se rebelaron en armas contra el gobierno. 

Ante el desafío armado, Santa Anna, obsesionado con hacer doblegar a los rebeldes envió el ejército mexicano a Texas. Ejército que, debido a su superioridad numérica y experiencia, veía en las irregulares, débiles, pero voluntariosas tropas tejanas un rival fácil.

Samuel Houston
Samuel Houston
Así las cosas, atravesando el Río Bravo (ver Los quebraderos de cabeza de EE.UU. y México por un caprichoso Río Bravo) los mejicanos al mando de Santa Anna encararon hacia San Antonio, donde se encontraron con una resistencia más fiera de lo esperado. En aquel punto la tropas tejanas se hicieron fuerte en la antigua misión de El Álamo, manteniendo la posición desde el día 23 de febrero al 6 de marzo, cuando en una duro asalto, el Ejército Mexicano consiguió tomar por fin la misión. La guarnición tejana fue aniquilada (unos 200 hombres, Davy Crockett entre ellos) al precio de haber perdido unos 600 soldados, de los 1.800 involucrados en la ofensiva. Por su parte, el general José Urrea, partió de Matamoros hacia Goliad, donde se produjo la Masacre de Goliad el día 2 de marzo, cuando el coronel James Fannin fue capturado junto a 400 de sus hombres y Santa Anna ordenó ejecutarlos a todos. Las diezmadas tropas tejanas al mando de Sam Houston, rabiosas por la matanza, pero impotentes, decidieron retirarse hacia el este esperando recomponerse y añadir gente a su ejército. 

Una pesadilla de batalla de San Jacinto
Una pesadilla de batalla
Obsesionado con darles alcance, Santa Anna salió en busca de los hombres de Houston, el cual jugaba al ratón y al gato con los mexicanos, dándole esquinazo constantemente, mientras que entrenaba a los inexpertos reclutas tejanos. Finalmente, el 20 de abril, Santa Anna toma contacto con las tropas de Sam Houston en una amplia península fluvial en la confluencia de los ríos San Jacinto y Buffalo Bayou, en lo que hoy sería el área metropolitana de la ciudad de Houston. Los tejanos (unos 900), que en todo momento se esconden de los mexicanos en medio del bosque de ribera del Buffalo Bayou que tienen a su espalda para que no sepan cuantos son, están separados por una pradera de unos 400 metros de longitud de las tropas de Santa Anna (unos 1.200). Tras unas escaramuzas, el presidente mexicano decide acampar en el "sitio más favorable para sus intereses", es decir con una zona pantanosa del río San Jacinto a sus espaldas. Pasándose por el arco del triunfo la oposición de todos sus mandos, que ven que es una temeridad, Santa Anna manda acampar en aquel sitio. Donde manda patrón, no manda marinero, definitivamente.

Martín Perfecto de Cos
Martín Perfecto de Cos
A la mañana siguiente, el destacamento de Santa Anna recibe el refuerzo de 540 hombres más por parte del general Martín Perfecto de Cos, cuñado suyo. El cansancio de la marcha a pie de los soldados, la mañana tranquila y el convencimiento de ser muy superiores en número y potencia militar dio la confianza a Santa Anna para ordenar que sus hombres durmieran la siesta un rato después de comer. No obstante, tan confiado estaba que ni tan siquiera ordenó tandas de guardia, así que allí se durmió hasta la trompeta. Normal. 

Siesta de San Jacinto
Una pesadilla de siesta
A eso de las 15.30 h los tejanos se lanzaron con todas sus fuerzas contra los mexicanos, pero se quedaron de pasta de boniato al ver la nula oposición al avance por parte de los atacados...¡estaban durmiendo!. La "batalla" (si se puede llamar así una confrontación en que solo atizaba uno) se convirtió en una merienda de negros que duró tan solo 18 minutos.  Una zarabanda de palos de 18 minutos que acabaron con 630 mexicanos muertos, 208 heridos y 730 prisioneros, y la captura de Santa Anna (que se había vestido de soldado raso y escondido entre la hierba) y Cos. Un éxito total e inesperado de los tejanos que tan solo sufrieron 9 muertes y la fractura del tobillo de Houston. 

Monumento a la Batalla de San Jacinto
Monumento en el sitio de la batalla
Santa Anna no pudo haberlo hecho peor en toda la campaña. A parte de llevar las tropas caminando desde el centro de México, lo cual significaba llevar a todo un ejército andando más de 1.000 km, en vez de llevarlos frescos y por mar, el ansia viva por pillar a Sam Houston hizo que las tropas mexicanas se estiraran más que una goma y no fueran unas fuerzas compactas en un territorio hostil, desconocido y con poca capacidad de obtener refuerzos. Para rematar la "cagada", en la batalla de San Jacinto no se le ocurrió una mejor idea que acampar teniendo una zona pantanosa a las espaldas, de tal forma que en el momento de la ofensiva, aparte de pillarlos en bragas, cuando intentaron escapar se encontraron con una trampa mortal por donde era imposible escaparse, produciéndose la consiguiente catástrofe.

Santa Anna ante Sam Houston
Santa Anna ante Sam Houston
¿Y como acaba la cosa? Pues mal. Santa Anna será utilizado como rehén de los tejanos que, porfiando con la liberación del presidente mexicano, aprovecharán para forzarle a firmar la independencia de Texas mediante el Tratado de Velasco. Destitución de Santa Anna, no reconocimiento de lo firmado, escaramuzas con los tejanos, miedo a que otros estados mexicanos se levantaran por imitación e intervención de los Estados Unidos acabaron en 1848 con la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo y fijando los límites actuales entre los dos países. México acabó perdiendo 1.360.000 km2 de superficie (un 55% del territorio mejicano) cediendo a los yanquis por 15 millones de dólares los actuales estados de California (la Alta California), Nuevo México, Arizona, Nevada y partes de Wyoming, Utah y Colorado, además de dar pie al prejuicio de que los mexicanos no hacen más que dormir

Una auténtica pesadilla de siesta, vamos. 

Una siesta que acabó saliendo demasiado cara
Una siesta que acabó saliendo demasiado cara

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lunes, mayo 14, 2018

Parisener Kanone, el cañón más grande de la Primera Guerra Mundial

El Parisener Kanone
El Parisener Kanone
Frecuentemente se considera la Segunda Guerra Mundial como una secuela de la Primera Guerra Mundial porque las causas que provocaron la Primera, lejos de desaparecer cuando acabó, lo único que hicieron fue hacer de caldo de cultivo para que la Segunda viniera con más fuerza. Sin embargo, no solo pasó esto en el plano político, sino que en el aspecto técnico, el avance del armamento de la Segunda no pudo haberse producido sin el desarrollo armamentístico de la Primera. En estas misma líneas ya hablé en su momento de los cañones más bestias jamás construidos y que fueron utilizados por los nazis en el frente ruso (ver El Pesado Gustavo y el Dora, los cañones más monstruosos de la Tierra), pero estos auténticos "cañones del Juicio Final" no podrían haber sido desarrollados sin los conocimientos técnicos adquiridos con unas moles infernales que llevaron el frente de guerra a la misma ciudad de París durante la Gran Guerra. Me refiero a los Parisener Kanonen, los cañones más grandes de la Primera Guerra Mundial.

Uno de los cañones de París, disparando.
Un cañón de París, disparando
Los 4 años que duraron la terrible Primera Guerra Mundial significaron la transición a machamartillo entre las coloridas y casi románticas guerras napoleónicas y la apocalíptica guerra moderna. En esos pocos años se pasaron, sin solución de continuidad, de las cargas de caballería sable en mano a la repugnante guerra química a base de llevar al matadero a millones de seres humanos en una orgía de sangre y tripas que haría escandalizar a los propios Jinetes del Apocalipsis (ver Passchendaele, la pírrica batalla donde el barro se tragó 40.000 soldados). Con todo, y a pesar de que la guerra se había estancado en las trincheras, los ingenieros tanto de uno como de otro bando pisaron el acelerador a fondo a fin de superar este límite prácticamente inamovible. Los aviones estaban todavía en pañales, pero la artillería no, por lo que desarrollar cañones que llegasen cada vez más lejos se convirtió en vital. En este caso, como el frente se había estancado a unos 100 km al norte de París, los desesperados ingenieros alemanes vieron en el bombardeo de la capital francesa una forma de romper el frente de trincheras, a la vez que de forzar una guerra psicológica que hiciera rendir a las desgastadas fuerzas galas... y para ello necesitaban un cañón muy grande. Mucho. Y lo hicieron.

Placa recordatoria del primer impacto
Placa recordatoria del primer impacto
Así las cosas, el 23 de marzo de 1918, a eso de las 7.20 h de la mañana un obús impactó de forma imprevista delante del nº 6 de la calle Quai de la Seine, en el distrito 19 de París, produciendo 10 muertos y 15 heridos. ¿Qué había pasado? ¿Cómo había podido llegar un bomba a semejante distancia del frente? ¿Un avión? ¿Un dirigible? Pronto lo servicios de inteligencia supieron que se equivocaban. Había sido el cañón con mayor alcance que había sido construido jamás. Los franceses lo llamaron la Grosse Bertha y los alemanes Dicke Bertha o Kaiser Wilhelm Geschütz (Cañón del Kaiser Guillermo), si bien se hizo famoso simplemente por ser "El Cañón de París" (Parisener Kanone), ya que ese fue su único y obsesivo objetivo.

Corte de un proyectil
Corte de un proyectil
El cañón, ubicado a unos 120 km al noreste de la Ciudad de la Luz, en el pueblo de Crépy, en el departamento del Aisne (ver Fismes 1918, cuando el champán decantó una guerra mundial), era simplemente monstruoso para la época. Transportado por vía férrea hasta su ubicación, el cañón pesaba 750 toneladas y "calzaba" un cañón de 34 metros capaz de llegar a objetivos situados a 130 km de distancia. Curiosamente no disparaba obuses "excesivamente" grandes, siempre y cuando que por "moderados" podamos definir a proyectiles de 1 metro de altura, 21 cm de diámetro, con una cabeza de 120 kilos cargado con 8 kg de TNT e impulsada por entre 150 y 200 kg de pólvora. Lo que viene a ser un "petardo" de verbena, vamos.

Maqueta de un Parisener Kanone
Maqueta de un Parisener Kanone
La máquina fue diseñada y construida por la empresa siderúrgica Krupp (la misma que construyó durante la Segunda Guerra Mundial el Pesado Gustavo y el Dora, y que hoy en día se dedica a construir ascensores en España), y necesitaba unos 15 días para ser instalado en su puesto de acción, ya que no permitía su disparo desde una plataforma ferroviaria y se tenía que construir una base de cemento de 12 m2 y 4 metros de espesor. Al ser una derivación técnica de la artillería naval el Pariser Kanone quedó bajo la gestión de la Armada alemana que era la que se encargaba de dispararlo. A pesar de toda su potencia, el cañón o mejor dicho, cañones (porque se hicieron 3) tenía sus limitaciones.

Montaje de uno de los cañones
Montaje de uno de los cañones
Para alcanzar la distancia máxima, los Parisener Kanonen tenían que estar en un ángulo muy elevado, por lo que su ángulo de tiro oscilaba tan solo entre 50º y 52º. Ello le permitía, tras un vuelo de unos 170 segundos a una velocidad de 1.500 m/seg y alcanzar los 40 km de altitud, llegar a París, aunque con una precisión muy baja. Asimismo, era tal la deflagración para enviar el obús a semejante distancia que los tubos del cañón sufrían una erosión del acero que obligaba a cambiarlos cada 65 disparos. Justo por ello, se veían forzados a utilizar proyectiles progresivamente más anchos, comenzando por los de 210 mm y acabando por los de 240 mm con una cadencia máxima de un tiro cada 15 minutos. No en vano, uno de los 3 construidos y que de marzo a agosto dispararon contra la capital francesa reventó al explotar uno de los obuses dentro del ánima del cañón.

Llegaba hasta los 130 km
Llegaba hasta los 130 km
Pese a los ataques del ejército francés en el intento de neutralizar semejante engendro balístico, los Parisener Kanonen no se vieron afectados por su artillería, teniéndose documentado el último disparo de este tipo de arma el 9 de agosto de 1918 a las 14 h. A partir de entonces, en viendo como inminente la derrota alemana, los mandos militares teutones deciden repatriarlos, desmontarlos y hacer desaparecer todo rastro tanto documental como físico de la existencia de dichos cañones. De hecho, todo lo que se conoce sobre estas armas se conoce por el trabajo de la Inteligencia francesa (necesario para poder destruirlos), los testimonios de presos alemanes y los pocos documentos gráficos de su existencia, lo cual deja a los Parisener Kanonen con un halo de leyenda, pero demasiado real.

Soldados al cargo del cañón de París
Soldados al cargo del cañón
La participación en la guerra de los Cañones de París fue poco menos que testimonial. Tras 5 meses de disparos, se hicieron 367 tiros que produjeron 256 muertos y 620 heridos, una muy baja tasa de afectación (el máximo daño lo originó en la iglesia de Saint-Gervais, con 91 muertos al hundir la techumbre durante la misa de Viernes Santo el 29 de marzo de 1918) para el dispendio de recursos que, para una Alemania bloqueada significó su construcción y despliegue. ¿Y en el plano psicológico? Igual, o menos, incluso. Al tener una cadencia de tiro tan espaciada a la que se tenía que sumar el tiempo que no disparaban por mantenimiento y la poca puntería, la gente no se sintió atemorizada y, en contrapartida, despertó la rabia y las ganas de los franceses por seguir la batalla y de darlo todo contra el enemigo alemán. Un éxito absoluto, sin duda.

En definitiva, que los Parisener Kanonen, pese a su monstruosidad y avance técnico sin parangón (los franceses no pudieron igualar sus características hasta el año 1929), para lo único útil que sirvieron fue para desarrollar la técnica artillera que sería la base para que la enloquecida Alemania Nazi -y con ellos las fuerzas Aliadas (ver Von Braun, los oscuros teje-manejes de un Estado)-, años a venir, hiciera armas aún más destructivas y mortíferas. Un monumental esfuerzo intelectual y tecnológico que la Humanidad, francamente, se podía haber ahorrado.

Muchos millones de muertos se lo hubieran agradecido.

Representación artística de un Parisener Kanone
Representación artística de un Parisener Kanone

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domingo, mayo 13, 2018

Eurovisión 2018: ñoños, ñoños, ñoños... y los cuartos por la cola

Amaia y Alfred
El número 23. España se ha clasificado el vigésimo tercero de 26 participantes en el festival de Eurovisión y aún gracias, porque hasta el voto de Dinamarca, estábamos últimos empatados a cero puntos con la representante británica. Una cantante, la inglesa que, todo sea el decirlo, a pesar de que el "Jimmy Jump" de turno le ha robado el micrófono y gritado algo ininteligible -la cual cosa le habría permitido repetir la actuación- ha decidido no hacerlo... convencidos de la calidad de la canción, seguro. Por alguna cosa ha quedado el número 24. 

SuRie carries on after stage invasion - "Storm" Live | United Kingdom - Eurovision Song Contest 2018
"Invasión" de la inglesa
La representación española, formada por la pareja "triunfita" -y con derecho a roce- Amaia y Alfred (con acento en la é, que no es Hitchcock, no me sean zotes) ha sido la segunda en aparecer en el escenario lisboeta que hospedaba el concurso este año con la canción "Tu canción". Una canción anodina, ñoña como ella sola, con una puesta en escena pobre y en la que destacaba la voz potente de Amaia en contraposición de la voz de pitufo gangoso de Alfred que no se encontraba por ningún lado. Al menos no han pegado un gallo como Manel Navarro el año pasado (ver  Eurovision 2017: Un gallo, 5 puntos y últimos), pero es que entre pasar sin pena ni gloria y ser el centro de atención, aunque sea por lo malo, la verdad que no tengo muy claro que lo de este año sea mejor.

Cesár Sampson - Nobody But You - Austria - LIVE - Grand Final - Eurovision 2018
Austria, inesperado tercer clasificado
Este año viendo la castaña que se presentaba ya hice mis cábalas de que quedaría entre el 18 y el 24, y poco me he equivocado en tanto que han quedado el 23. Tan solo he visto peligrar mi pronóstico cuando los jurados han empezado a votarnos de forma inaudita, recibiendo incluso 10 puntos de Rumanía, llegándose a poner en el puesto 18. Por suerte, el televoto ha puesto las cosas en su sitio haciendo de España el tercer país menos votado, dejando la votación al final con 61 puntos y dejando bien patente que la gente tiene más criterio que los subjetivos e interesados jurados supuestamente "profesionales" (ver Vivaldi, Chikilicuatre y los necios contertulios). Y es que, el voto del público ha dado la vuelta al resultado como un calcetín, enmendando la plana al criterio de los "expertos". 

Michael Schulte - You Let Me Walk Alone - Germany - LIVE - Grand Final - Eurovision 2018
El alemán, una "copia de"
En general, la edición de este año 2018, ha sido una edición de baja calidad, en que ha habido mucha medianía y mucha "copia de". De la debacle habitual del Big Five tan solo se han escapado Alemania e Italia (4º y 5º respectivamente), la primera con una canción sensiblona mezcla de Ed Sheeran y James Blunt y la segunda con otra sentimental con bastante ritmillo, con un mensaje antiterrorista que ha gustado. Francia, por su parte, con otra canción buscando la lagrimilla fácil (la pena, ese gran recurso eurovisivo, que se lo digan a Sobral) con un mensaje contra el drama de los refugiados, ha quedado el 13. España y Gran Bretaña, en sus 23 y 24, en su tónica general. No aprenden, o no quieren aprender, que no es lo mismo. 

Elina Nechayeva - La Forza - Estonia - Eurovision 2018
8 kg de vestido lírico de la estonia
Por el resto, destacaba la República Checa (6º) con Mikolas Josef y su canción Lie To Me, con un remake de la sintonía del Príncipe de Belair muy gay, así como los locuelos representantes moldavos  (10º) que, con su canción My Lucky Day, ha entretenido el personal con una especie de vodevil musical con tintes de música de película de Emir Kusturica. La cantante estonia (8ª), con su espectacular vestido de 8 kilos y su estilo lírico, y los húngaros (21º) con un heavy metal que ha dado la nota con sus gritos, junto a los anteriores era de lo poco que se escapaba del "centro del campo". 

Netta- Toy- Israel
Netta, la justa ganadora
El concurso lo ha ganado la representante israelí, Netta, con su canción Toy, un alegato contra el machismo y el sexismo, que con un estribillo muy pegajoso y haciendo la gallina (referencia a todos aquellos "valientes" que se creen alguien por despreciar a una mujer, pero que se cagan las patas abajo cuando les hacen frente), se ha llevado el gato al agua. He de reconocer que no era santo de mi devoción, pero en viendo lo presentado por los demás, no he dudado de que seria una de las favoritas. Chipre, otra de las favoritas para los eurofans, ha quedado segunda con Eleni Foureira, una Beyoncé con menos curvas que un palo de escoba, pero que -por lo visto- había embelesado a muchos. Austria, la gran sorpresa, ha quedado 3ª con un soul interpretado por el cantante negro Cesár Sampson, que a mi me ha dejado frío y que al voto de los jurados ha encandilado, llegando en más de un momento a ser ganador. El televoto ha hecho justicia y lo ha frenado, ya que si hubiese sido por él no hubiera pasado del puesto 13. Suecia, por su parte, con un funky mezcla de Justin Timberlake y Justin Bieber no muy eurovisivo, ha quedado finalmente 7º pese al criterio de los jurados, que lo daban ganador. 

Eleni Foureira - Fuego - Cyprus - LIVE - Grand Final - Eurovision 2018
Chipre, una Beyoncé sin curvas
En definitiva, una edición muy reñida por la ausencia de grandes canciones, que los ha puesto a todos en la mitad de la tabla -posiblemente por contagio de la tradicional melancolía portuguesa (por algo los anfitriones han quedado los últimos)-  pero muy interesante por el vuelco final de la clasificación. Por su parte, España, sigue en sus trece de llevar temas insulsos (ver Eurovision 2015, no aprendemos ni a hostias) por lo que, de seguir así, se continuará llevando los pescozones eurovisivos a capazos mal que les duela hasta el punto de haber eliminado sine die los comentarios postconcurso que se hacían tradicionalmente. 

Allá ellos. 

Amaia y Alfred: Ñoño, ñoño, ñoño... y los 23º
Ñoños, ñoños, ñoños... y los 23º

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